Nuevo amanecer, nuevo comienzo y constante cambio. Confesor experto que nos escucha y nos absuelve de los excesos del verano, que nos abraza y nos vuelve el corazón perenne para que resista a la crueldad del invierno.
Perdóname septiembre, perdóname por las noches cortas que me bebí a chupitos hasta el amanecer, perdóname por dejar de ser y sentir, perdóname por abandonar(nos) y por buscar nuevas vidas y amantes de esquina y tabaco barato. Perdóname no mirarle a la luna a los ojos. Perdóname por buscar a mi próximo ex y dejar de pintarme los labios de rojo por las malinterpretaciones de los malinterpretados.
Por mucho que lo desease no puedo prometerte no recaer, no volver a olvidar y dejar de ser de nuevo, porque es lo que tiene ese maldito verano, que nos crece y nos convence, no nos cansa y nos consume casi sin darnos cuenta, pero justo ahí llegas tú diciéndonos que frenemos, que ya basta de excesos y de mierdas, que tenemos que volver a ser, a vivir.
Amado septiembre, gracias por abrazar los últimos rayos de este verano, por siempre sacrificarte por el y por nosotros, haciendo que seas tú el que cargue con el auto desprecio al ver en lo que ese loco nos convirtió por voluntad propia, gracias por perpetuar, reencontar y enseñarnos a volar de nuevo.
VUELVE SIEMPRE QUE QUIERAS, SEGURO QUE NECESITAREMOS APRENDER A SOÑAR.